Posteado por: karateDOminicano | 23 de septiembre de 2014

Cinturón negro en superación

KanjiCinturón negro en superación

“No esperaba nada de él, y desde que nació no ha parado de darme alegrías”

  • Javier Berenguer es el primer malagueño y el segundo andaluz con Síndrome de Down en conseguir este nivel en karate

Suena el despertador del teléfono móvil a las 8.00 de la mañana y la rutina de Javier empieza como la de cualquier persona. Lo primero que hace al levantarse es ir a asearse al baño, se viste y desayuna. Luego camina un par de kilómetros cada día hasta llegar al taller ocupacional de Aspromanis donde lleva trabajando desde hace ocho años. Su oficio es la forja, «limando», y también, como el resto de sus compañeros, ha sentido la crisis dentro del taller por la caída de la construcción.

Esta podría ser la vida normal de cualquier persona, pero Javier Berenguer, un joven de 31 años de la popular barriada de El Torcal, trabaja además cada día con el afán de superación y la utopía de integración absoluta que se acentúa en la vida de las personas con discapacidad intelectual.

Cuenta su madre, Amparo Ruiza, que al enterarse de que el primer hijo que traía al mundo tendría Síndrome de Down estaba muy preocupada. Cuando habló con el médico éste le dijo que no se preocupara y que lo tratara como a cualquier persona «Y así lo hemos hecho y nos ha ido muy bien» afirma Amparo, quien con una gran sonrisa también confiesa que «no esperaba nada de él, pero desde que nació, no ha parado de darme alegrías».

Hoy Javier puede contar con muchos logros vitales, pero por encima de otros, está el orgullo de ser el primer afectado por Síndrome de Down en Málaga que puede decir que es cinturón negro de karate. Sólo hay otro chico con su misma discapacidad en toda Andalucía con este título, por lo que Javier, es todo un referente para quienes se plantean tirar la toalla antes de alcanzar la meta.

Javier aprobó el examen en diciembre pasado, y en febrero ya asistió a su primera competición andaluza. «El día del examen se me salían los nervios» confiesa. Cuenta Amparo que durante la prueba no pudieron estar presentes porque es un ritual muy solemne donde sólo está el alumno frente a los jueces, pero que cuando supieron la noticia y el pabellón entero aplaudía con fuerza, a una de sus compañeras se le saltaron las lágrimas de la emoción.

Su instructor, José Manuel Ruiz, lleva dándole clases de karate desde que era pequeño. Empezó con apenas ocho años, «aunque al cumplir los 18 se aburrió un poco y lo dejó durante unos años» cuenta su madre. Desde que decidió volver, Javier no ha parado de trabajar duro para lograr el distintivo máximo dentro de esta disciplina deportiva, lucir alrededor de su cintura el color negro. «Aunque quiero seguir, ahora voy a por el primer Dan» afirma Javier.

Cuenta su instructor que este logro sólo ha sido posible por el trato igualitario que siempre le ha dado a Javier entre sus compañeros. Dice que la integración es fundamental para que el desarrollo de personas con discapacidad sea similar a las de resto y que por eso jamás hizo distinciones con él como tampoco las hacen sus compañeros.

«Pensé que se aburriría, pero hoy puedo decir que me equivoqué» ,afirmó durante la entrevista este profesor del Gimnasio José Manuel Ruiz. También confiesa que pensaba que habría deportes más adaptados para él, «pero Javier se empecinó en el karate y ahí está, es cinturón negro».

Pero el karate no es su única ocupación, también tiene medallas de competición en natación, deporte que también le apasiona y le relaja mucho. Hace spinning y máquinas en el gimnasio «es un deportista nato» afirma su madre.

Cuenta también que cuando Javier empezó el colegio no existían las clases de integración y que los segregaban en otras aulas «pero yo no quería eso para mi hijo, quería verlo con el resto de sus compañeros y su padre y yo batallamos para que adaptaran la clase a sus necesidades y lo conseguimos».

Cuando alcanzó los estudios básicos, Javier realizó un taller de carpintería y cuando tuvo la edad suficiente, sus padres solicitaron una plaza en el taller donde ahora trabaja. «Desde que está en Aspromanis está estupendamente, además de trabajar, viaja, se relaciona y sigue muy bien las rutinas que necesita para tener una vida lo más normalizada posible».

En asuntos de amor Javier lo tiene claro, a pesar de las insistencias de su madre para que encuentre una novia entre sus compañeras de trabajo. «No estoy preparado y no me gustan las chicas del taller, siempre me fijo más en las monitoras, lo que no puede ser no puede ser», decía Javier entre risas. Su madre se lamenta, porque según dice «a él le gustan los amores imposibles», aunque Javier no parece tener prisas para eso de enamorarse porque ya tiene suficiente con todas las actividades que hace a diario.

Su próximo reto es adentrarse en el mundo de la informática, ya que aunque maneja muy bien el móvil con el que le apasiona hacer fotos,está dispuesto a apuntarse al taller de nuevas tecnologías que ofrece el centro ocupacional donde se descubre y desarrolla laboral y personalmente. Vista la capacidad de superación de Javier, casi no quedan dudas de que en pocos meses será un usuario más de las «adictivas» redes sociales, habiendo sido, de nuevo realidad, alcanzar otro de sus sueños.

http://www.elmundo.es/

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